sábado, 19 de marzo de 2016

Mi punto de vista sobre el aborto

¿Es libre el ser humano? Es la pregunta que no solo me hago día a día sino que también constituye un tema común de mis años académicos juntos a cientos de jóvenes a quienes interrogo al respecto. Lo somos y no lo somos a la vez. Sin embargo, hay algo que sí tengo claro sobre ser libre.

La condición ontológica del ser humano es habitar en el prejuicio, entendido en el modo de afirmar una realidad que no se pregunta, acepta sin más, ni siquiera se cuestiona. Por consiguiente, toda forma de habitar, de ser parte de distintas clases de mundo, sobre todo el social, es una forma dogmática, irreflexiva. El liberalismo obvia este hecho y descuida aquella fuerza más propia de aquella persona que ha abandonado los tutores para pensar, como diría Kant, me refiero a la educación.

Para tener una sociedad libre, primero tenemos que tener una sociedad educada. La inversión en educación, todos los estudios lo señalan, es la que a largo plazo potencia más el crecimiento en todos los indicadores que constituyen una nación. En Chile no tenemos aquella condición de posibilidad para promover personas libres, consecuentes, responsables de todas las decisiones de su vida. Por lo tanto, vemos que el ejercicio de la libertad en hombres y mujeres comunes y corrientes está amparada en una potencia irreflexiva que les impide obrar del modo más adecuado, no sólo para su beneficio propio, sino para algo que a mi parecer es más relevante: el beneficio del Estado.

Los políticos de labia rimbombante que pululan en nuestra sociedad, hablando con un lenguaje atractivo para las masas irreflexivas y esclavas, adictas a la televisión y al vicio de la vida carente de propósito, la emboban y además la engañan con discursos contradictorios para sus propias ideologías añejas, que otorgan al estado un poder irrefrenable e implacable y que históricamente no sólo ha sido dueño del vientre de las mujeres, sino de sus trabajos y sus vidas, ha dominado tanto sus cuerpos como lo que proyecta su pensamiento... Entonces me pregunto, ¿No es el pensamiento de Boric acaso más neoliberal que el de la propia derecha? ¿No es el socialismo contemporáneo más liberal que el liberalismo? Solo analizando los argumentos que cantan bellamente desde sus púlpitos populares uno puede hacerse una idea de lo que pasa con "el otro Chile de nuestro país".

¿Qué es el otro Chile? Remitámonos a Los Simpsons. Todos nos reímos de la sociedad que Matt Groening describe en la famosa serie, la cual tiene la gracia de mostrarnos tal cual somos como sociedad, tanto en Chile como en el mundo. El otro Chile es ese que se levanta a votar por políticos que carecen absolutamente de la más mínima comprensión de lo que necesita el pueblo, de aquello que precisa con mayor urgencia. El otro Chile se convence con argumentos baratos y migajas que le hacen creer la quimera de la libertad. Y la libertad no es tener el poder de escoger ilimitadamente, porque tanto material como espiritualmente es imposible. La libertad es el poder de tomar las mejores decisiones para nuestras vidas y el desarrollo social y eso es la gran carencia que tiene nuestro país: la gente no sabe elegir (y eso lo ha demostrado la basura de democracia que hemos tenido estos últimos 50 años) La educación es de una naturaleza tan inverosímil, que crea ciudadanos tan o más carentes de reflexión que los anteriores, ya que no puede hacer frente al ejército de la tecnología que embrutece y hace retroceder en el ser humano millones de años de evolución. 

Entonces si me preguntan, ¿qué opino sobre el aborto? Opino que la mujer es libre de llevarlo a cabo, porque es una decisión de su voluntad que, en su condición de libertad, no debe ir secundada o presionada por factores externos que la limiten. Pero con mucho gusto les aceptaría que presentaran una persona con tales características. Ser libre es poder serlo. Lo demás es pura verborrea.

domingo, 7 de abril de 2013

¿Qué es y cómo se es cristiano en el mundo de hoy?

El siguiente es un breve trabajo que recrea las palabras de Monseñor Ezzati -pronunciadas en el Instituto Catequístico UC-, y le da algunas interpretaciones fenomenológicas ante la pregunta que el magistrado formula del siguiente modo: ¿Qué es y cómo se es cristiano en el mundo de hoy? Dividiremos el trabajo en: Formulación del problema; forma filosófica que adquiere la pregunta; conclusiones amparadas en las luces que arroja el religioso.

¿Qué es y cómo se es cristiano en el mundo de hoy?

Martín Heidegger (1889-1976), es un filósofo alemán cuya obra principal se intitula Sein und Zeit (Ser y Tiempo). En aquel libro, §2, Heidegger establece una estructura formal de pregunta en general, que nosotros orientaremos a nuestra finalidad. "Todo preguntar es una búsqueda. Todo buscar está guiado previamente por aquello que se busca. Preguntar es buscar conocer el ente en lo que respecta al hecho de que es y a su ser‐así." (HEIDEGGER, 1998) Ser cristiano el día de hoy es algo que ya está de algún modo dado para nosotros (que se manifiesta en la vivencia misma que tenemos de su ser), sin embargo, la búsqueda que quiere realizar esa pregunta, tiene su razón de ser en que se nos ha hecho problemático -de algún modo- el hecho mismo de ser cristiano (la intelección de su esencia). Por consiguiente, nuestra búsqueda estará guiada por tres momentos principales. Siguiendo la argumentación del filósofo alemán: Primero, hay algo puesto en cuestión (sein Gefragtes). Lo puesto en cuestión es lo representado por la propia pregunta; segundo, un interrogado (ein Befragtes). Toda pregunta debe ser hecha al ser humano, pues es él quien tiene la primaria relación con el hecho de ser cristiano; tercero, lo preguntado (das Erfragte), correspondiente a la meta de la investigación (OBRA CITADA). La pregunta adquiere así su razón de ser en esta triada, en un sentido de cuestionamiento explícito. 

Mons. Ezzati, sostiene que la pregunta fundamental que debemos hacernos como cristianos el día de hoy es ¿Qué es y cómo se es cristiano en el mundo de hoy?, esto es, transparentar nuestro ser mismo para la intelección y comprensión que tal tarea nos demanda (la cristiana). Sin embargo, ¿esta pregunta es una novedad o, por el contrario, es la pregunta que debe hacerse el cristiano de toda época? Pensamos que ante la misma forma interpretativo-experiencial de la vivencia cristiana y de la lectura de las Sagradas Escrituras, esta pregunta forma parte de la tarea inicial de los seguidores de Cristo a través de las épocas todas. Más aún, en una época en que el cuestionamiento y la crítica mordaz a todo lo sacro y lo religioso es característica esencial del Zeitgeist histórico, es insoslayable esclarecer nuestra esencia misma de ser cristianos. Es el llamado del sermón 43 de San Agustín: “comprende para creer, cree para comprender”. La delucidación de la estructura intrínseca y las relaciones esenciales a las que nos conduzca esa pregunta, constituirán el tronco de las palabras del religioso chileno. 

Según mons. Ezzati, la esencia de esa pregunta estaría dada por la triada Yo (Tú), Nosotros, Dios. Ante la desesperada pregunta sobre la existencia, acerca del sentido de la misma y su trascendencia (cuestionamientos presentes en Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida), el encuentro con Cristo es el leitmotiv del Catolicismo. Sólo de esa fuente se debe beber. Por lo tanto, la vida cristiana estará basada en ese encuentro con el Señor, pero que no es un encuentro que se quede en lo propiamente yoico, sino que necesariamente parte de eso para dirigirse inmediatamente a los otros y el mundo. Miremos el problema desde otra perspectiva.

Descartes fundamentó todo el edificio teórico de la ciencia en un principio absoluto (más verdadero incluso que las ecuaciones matemáticas), que se conoce con la frase latina ego cogito ergo sum (pienso, luego existo). Para el filósofo francés, existir está absolutamente asegurado por la certeza que se genera ante la imposibilidad de dudar de mí mismo como ser que duda. Por consiguiente, la verdad me estará asegurada a través de esta certidumbre filosófica, lo que constituirá una plataforma de lanzamiento hacia el mundo y los otros. Mas, no podemos continuar en Descartes para no caer en la aporía del solipcismo. Una solución fundamental a este problema, la podemos hallar en la fenomenología de Husserl. El filósofo alemán (maestro de Heidegger en Friburgo), postulaba que la certeza del yo, era tan segura como la de los otros y la del mundo, debido a esa forma de vida de conciencia que llamó Impatía (Einfühlung). Gracias a que extrapolamos la experiencia de nuestro cuerpo como vivido en la existencia del otro, también aseguramos un mundo, pues la relación esencial de ser del individuo existente (Dasein, le llamará Heidegger) es in-der-Welt-sein (los fenomenólogos unen con guiones las palabras para denotar que se trata de un fenómeno unitario). El hombre es Ser-en-el-Mundo. No podemos escapar a nuestra relación intrínseca con el mundo, dimensión en la que aparecen los otros. Es la característica esencial de la existencia humana. 

Mi experiencia con Dios siempre parte de la primacía de mi propio ser. Intuyo, siento, experimento a Dios como operando en mi vida, con mi vida y a través de ella. Él se me manifiesta primeramente a mí como individuo único e irrepetible. Sin embargo, es un error quedarse en esta primera relación con Dios, pues se cae justamente en una experiencia solitaria con Él (algo así, si se me permite la expresión, como un solipcismo religioso). Y mons. Ezzati, nos señala que la orientación que le otorga Jesucristo a mi vida, la impresión de la certeza de su mensaje en mi vida, la gratuidad con la que se me presenta, construyen una convicción que debe ser enseñada (Mt 28, 18-19). Por consiguiente, y con el religioso, "el cristiano nace, vive y muere en la comunidad" (Discurso Mons. Ezzati, ICUC 06 de Abril de 2013). Continuando con el desglose de la forma esencial del ser humano, el cristiano es un ser comunitario. Es un contrasentido ser cristiano y no participar de la comunidad, pues ella es "la depositaria de la Misión divina" (Ezzati, 2013) Hoy se escucha por todas partes la frase "Soy católico a mi manera", y ya vemos el sinsentido que esconde en su interior. Nadie puede retrotraerse a sí mismo y vivir en su individualidad. Como decía Miguel de Unamuno: 

"¿Singularizarme? Vamos...
Somos todos de consuno,
Y en la piña que formamos,
Soy nos-otros, nos´-uno"

Un cristiano permanece en su comunidad y con-vive en comunión. Este es el magnífico proyecto de Dios (Ezzati, 2013). Además, es una tarea inacabable, pues es temporal y no excluyente. La comunidad admite a todos y todo el que llegue a su seno a participar de la Misión Divina. La inclusión es el concepto que define terrenalmente la comunidad. Y la importancia de la misma, ya nos la señala con una excelentísima acción nuestro Sumo Pontífice: Francisco solicita la bendición de la comunidad para conducir la enorme tarea de presidir la Iglesia. Es la asamblea quien le otorga la bendición para guiarla por el camino de la Fe. 

Habíamos señalado párrafos atrás que el hombre es Ser-en-el-Mundo. Sin embargo, aún no dilucidamos qué significa que seamos en el mundo. Digamos que no podemos escapar al contexto. Ya Ortega había señalado la poderosa sentencia "Yo, soy yo y mi circunstancia". El hombre es un ser mundanal. Nos levantamos de mañana y lo primero que hacemos es entrar en esa relación con el mundo. Miramos, olemos, escuchamos, sentimos el mundo a nuestro alrededor. Nos damos a esa relación con el mundo. Partiendo de esto como base, vemos que además se incluye la comunidad en este mundo, como una experiencia intersubjetiva. Este mundo que conformamos con nuestros hermanos, es el mundo por el cual Cristo murió, como señala mons. Ezzati. Por consiguiente, y siguiendo su idea, la presencia de Cristo como salvador debe identificarnos como Iglesia en el mundo de hoy. Allende nuestra motivaciones individuales, debemos ir necesariamente a ese mundo no-cristiano, donde el hombre clama por el sentido. 

En el mundo actual el conflicto pareciera ser la forma esencial de la interrelación humana. La mácula aparece en todos los rincones y contextos, sin darnos cuenta de la condición salvífica de Cristo para con nosotros. Por eso debemos estar presentes en nuestro mundo, primariamente como chilenos (ser cristianos para nuestra historia nacional), para nuestro continente y el orbe. Debemos caracterizarnos por el Amor, por llevar el corazón colmado de amor y, de este modo, poder ser servidores de la Humanidad. Así cumpliremos con el mandato que nos dejó el Señor en la cita bíblica presente párrafos atrás.

La pregunta fundamental que interroga al cristiano el día de hoy es ¿Qué es y cómo se es cristiano en el mundo de hoy?. Ya tenemos una respuesta a esa pregunta y la podemos estructurar, siguiendo a Mons. Ezzati, del siguiente modo:

A) El cristiano de hoy vive desde Cristo. Partimos de nuestra experiencia individual, guiada por Jesucristo.
B) El cristiano de hoy vive desde la Comunidad. Pues es el lugar donde verdaderamente es.
C) El cristiano de hoy vive para el Mundo. Donde está la misión evangelizadora y re-evangelizadora. 

La respuesta a la pregunta fundamental se responde por mi vivencia íntima de Cristo, por mi pertenencia a la Comunidad y por mi misión en el Mundo. En esta época llena de contradicciones, donde el mundo ha perdido su conexión vital con Dios, debemos ser luz del mundo, siendo testigos y mensajeros del mensaje de Jesucristo. Y, en nuestra propia vida, vamos arrojando esas luces desde nuestra vocación mundana: desde la oficina, la obra, la calle, la fábrica, el aula. Y, como educadores de la Fe, debemos tener claridad de la fortaleza y la consecuencia que necesitamos para nuestra actividad: Creencia que cante y demuestre a Dios y un Actuar que arroje las luces anteriormente señaladas.


Cristián Martínez Bravo
Alumno de la carrera Pedagogía en Religión Básica ICUC.